La hermandad de los cuervos




Siempre seremos cuervos vigilantes 
con ojos tiritando de rojos destellos,
con nuestras negras plumas volaremos sobre vientos 
tan fríos como mil cadáveres putrefactos,
los demonios del Averno escucharán extrañados, 
como nuestros cantos inundan el viento muerto,
las trompetas de la noche tocaran en nuestro honor  
la última sinfonía del invierno,
mientras sobrevolamos la marcha inexorable de los relojes...

¡Estamos listos!

¡Venid a por nosotros maldito destino con hachas y alfanjes!
qué os ofreceremos nuestras alas rotas  
y el cuello desprotegido a la merced de vuestra tajada cobarde...

¡Venid a por nosotros traicionera muerte! Bebed a tarros de nuestra sangre con vuestra lengua bifida 

y maloliente hambre...

No os diré adiós está triste noche cuervos,  

pero si un hasta pronto...
Y en los valles del inframundo, os daremos las manos  
como los hermanos que somos.

¡Si! ¡Nos daremos un apretón de manos! 

en garras afiladas como guadañas
que tajaran la entraña del abismo  
como un brillante péndulo...


Carlos M Vázquez
Imagen tomada de la red





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